En general se sugiere no incluir dentro del vocabulario los típicos adverbios como “siempre” o “jamás” porque no es verdad que las cosas sean siempre o jamás, en la medida que se definan estas palabras como algo que se hace o se dice en forma permanente. Sin embargo, existen situaciones en las que casi se juraría que la participación en circunstancias, pensamientos u emociones que son ajenas a las escalas valóricas a las que pública o íntimamente se adscriben, no cabrían bajo ningún punto de vista dentro de las probabilidades desde la subjetividad; probabilidades en las que si bien el “siempre” o el “jamás” no son sostenidos en el tiempo, “ya que los valores están claros”, SIEMPRE hay un SIEMPRE o un JAMÁS que sobrepasan nuestros más impecables códigos morales y éticos. ¿O NO?
CH: “¿A qué te refieres con todo eso?”
M: “A los principios morales y éticos y a la congruencia, Chichín.”
CH: “¡No entiendo el lenguaje de los humanos!”
M: “¿Y tu crees que los humanos nos entendemos a nosotros mismos? ¡Já!”
CH: “¡¿Cómo?! ¿No es que tienen lo que los animales no tememos para darse cuenta?” “Aunque con nuestras tertulias creo que vamos casi a la par, por lo que veo.”
M: “No sé si a la par ni cómo, pero has desarrollado el arte de la ironía a la perfección.”
CH: “Dime con quién andas y te diré quién eres…”
M: “¿Yo irónica? ¡No está dentro de mis valores herir a alguien con la ironía, Chichín!” “Y lo tengo súper claro.” ![]()
La inevitabilidad de enfrentarnos con nuestra naturaleza humana, y aceptarla es el acto de humildad que permite observar el fenómeno del ¡Cómo Pudiste! desde otra perspectiva, sea cual sea la circunstancia que se está juzgando. Los ¡Cómo Pudiste! provienen del autojuicio en relación a la perfección y a los juicios que provienen del colectivo que observa y al que se le da poder.
¿Cómo pude realizar ésta compra y perder tanto dinero? ¿Cómo pude estar enamorado de ésta persona? ¿Cómo pude aguantar y permitir que abusaran de mí? ¿Cómo pude fallar cuando soy un experto en los detalles? ¿Cómo pude sentir tanto miedo y quedarme paralizado cuando la fortaleza es mi característica? ¿Cómo pude reaccionar con tanta violencia ante los demás? ¿Cómo pude permitir el desamor? ¿Cómo pude perder un gran amor por no cuidarlo? ¿Cómo pude herir, manipular y mentir?
¿Cómo pude dar tanto poder a los “Cómo Pude”?
Si bien pareciera que en la vida “siempre” hay un ¡Cómo Pudiste! la “ceguera selectiva” no deja impune a nadie de la responsabilidad que implica hacerse cargo de las consecuencias una vez identificadas las circunstancias y “reparar”. De lo contrario, se caería en la autoindulgencia o en la estupidez y desde allí ya no cabe el “Cómo Pudiste”.
¡¡¡Qué Suerte Que Lo de La Indulgencia Y La Estupidez No Es Para Los Chichines!!!
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